16.6.11

EL INCA PAZ


he aquí la entrevista cornetera internacional:
http://www.youtube.com/watch?v=UBOuowPFw9o&feature=autoshare

14.6.11

CABEZA DE HORMIGA

8- fetichismo de la poesía


Por qué escribir. No me lo pregunten. Las capacidades individuales son algo incomprensible, como cuando te dicén: te perdiste la mitad de tu vida. Siempre es gratificante saber que queda una vida y media por vivir, y que guste a quien le guste y moleste a quien moleste, habrá que sacar a relucir una nueva parte de las capacidades en esta vida y media por delante. En mi caso, la creatividad es un compromiso y la creación una responsabilidad. Pero por qué escribir puntualmente, solo puedo decir tan solo que las palabras las hemos tenido siempre y por ellas vemos. Otra cosa es creer que las palabras han empeorado. El lenguaje no empeora, ni se enriquece ni nada. Si digo “pao culiao”, planteo cosas que ni en español se entienden.

Reconozco que esa afirmación respecto al lenguaje es algo por lo menos complicado. Saltarán algunos de sus asientos como con picazón en el ano, otros se retorcerán con los dedos encrispados. Supongo que a otros una leve sonrisa les aparecerá en sus caras, pero en fin. Lo que estoy diciendo es que largar “pao culiao” es algo hermosamente complicado. Mi madre no puede decir eso. Creo que mi viejo menos. Me he llamado yo mismo el Borges de las puteadas.


Como siempre, me ando cayendo en vericuetos y laterales. No puedo evitarlo para responder una inquietud. Me cuesta encontrar un camino directo hacia un respuesta si es que la hay. Espistemológicamente hablando, ni inductivo ni deductivo, sino mas bien incompetente. Estrategicamente discapacitado, las palabras pasan por mi cabeza como micros por la alameda en la hora punta. Filas interminables de conceptos que se chocan entre si y que forman infinitos tacos, congestionando todas las vías posibles. He cometido grandes errores en mi vida, uno de ellos, escribir poemas que leo ahora y me dan ganas de llorar. Siempre he sido un mal poeta, pero no bastará para detenerme. Ya lo dije, y no es que no me importe escribir mal, pero bueno, sinó escribo, contra quién se enfrentaran los buenos poetas. Ese es el compromiso. El fetichismo también aplica a la poesía. También soy contradictorio. Sin duda. Pero de una cosa estoy seguro y es que me voy convertir en un viejo de mierda. No me queda otra. Tal vez por eso escriba. Tengo en mi interior el gen correcto, el adecuado. No hay errores en eso, más sepan que llegado el momento la decisión de sentirse joven o viejo no es cosa de cada uno.

Me acabo de dar cuenta que escribir es algo parecido a sacarse en cara constantemente los propios errores. Eso confirma mi sospecha del ejercicio autodestructivo. Una cosa media hegeliana pero al peo. Aparte, sigo manteniendo mi actitud de envidia confesada tiempo atrás, hacia quienes escriben por puro placer. Por favor no crean que sufro escribiendo esto, que me sangran los dedos cada vez que tecleo una letra de mi teclado o que el mate sabe cada vez más amargo. Nada de eso. Cuando hablo de envidia hablo de ver que otros escriben y lo hace bien y lo publican y se sienten bien con ellos mismos. Soy muy de este mundo. El tipo promedio dirían por ahí.

Respecto a lo de fetichismo y poesía, sobre eso ya han hablado mucho y grandes poetas. Parrita mismo les corrió mano a los hinchados para sacarlos del púlpito hace como sesenta años. No vale la pena que yo siga con eso. Confieso que lo puse como título a modo meramente de estrategia publicitaria. Digo Parra, el mismo gran Parra que ya todos conocen y del cual no he podido comprarme ningún libro. Solo robármelo. Me jacto de eso y de todos los libros robados a las librerías, que más que librerías parecen tiendas pitucas de vinos caros. Cada vez que entro a una de esas tiendas, me parece estar viendo a tipos y tipas que intentan demostrarle al vendedor y a los otros compradores lo mucho que saben de vinos. Toman el libros y lo huelen, lo miran, lo agitan, le pasan la lengua por la tapa, ponen cara de poto y luego van por el otro. Espero no se me quite esa costumbre tan sana, barata y gratificante del robo hormiga (si hasta el carácter zoologico de este robo me hace pensar en lo conectado que está con mi mundo). El negocio de los libros nuevos en Tchile es un gran negocio. Si ahora la antiposía parreana es antipoesía por los precios que tiene y “Libros del Nicanor” es una muy buena editorial. Historia vieja esa.

Como siempre digo, no se trata de subsidiar acá la marginalidad, esa cosa no necesita favores ni tratados paterfamiliaristas. Solo me gusta pensar en lo viejo que seré y en lo mucho que me van a joder mis nietos. Hijos tendré, supongo que nietos también.

Hay cabros culiaos que no creen que serán viejos culiaos.




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27.5.11

CABEZA DE HORMIGA

7- las esquinas donde nace la memoria


Una frase de una canción de la floripondio, me hace recordar las esquinas donde nació mi memoria. Las mismas que nunca le gustaron a mi madre y las mismas que guardan los mejores rayados de la patria. Una amiga me contó que por allá por Quilpué hay un rayado que decía: “a pinocho lo sacamos los cabros del barrio”. Otro notable rayado diarreico lo encontré hace mucho años, en la esquina de mi casa, cuando la comunidad católica puso una iglesia en nuestra antigua cancha de futbol. Decía: “querímos cancha, no más iglesia”. Notable. Eso es memoria, eso es lo que ni una teoría puede connotar. No tengo nada contra la teoría o las teorías, de hecho me gustan, pero mejor recordar que sólo son una forma de imaginar las cosas o la sociedad. Tampoco es para ponerse en cuatro y que te revienten por dentro. Cosas como las frases de arriba solo son imaginadas por cualquier teoría. La memoria es un hecho. Nuestra vida es un hecho y las posibles explicaciones son sólo eso.


Es cierto que las paredes son las pizarras del pueblo, como también es cierto y muy tristemente cierto, que las pizarras son los muros del pueblo. Que duda cabe al respecto. Las pizarras tiene todo lo que las paredes no tienen. Tienen la total y absoluta falta de memoria, de sentido y de hermandad. Las pizarras, esas totales dictadoras de nuestro mundo, son la muerte de las alegrías, son los grandes muros de la infancia, por lo tanto de la vida. Las paredes en cambio guardan para
nosotr@s la potencia de un acto hecho a nuestra medida. Por el simple hecho de que están ahí para que las tomemos. Rayarlas es un deber de todo mal ciudadano. Podríamos discutir el sentido de la palabra ciudadano, pero eso lo dejamos para después. Sólo puedo decir, que para mí, esa bendita palabra, acoge en su seno un inmenso tratado de pechoñería y marginación.


Pico y zorra se ama, es poesía. Trae a mi cabeza años de crianza mojigata y un deslenguado orden. Porque el orden no está en juego, lo que importa es qué tipo de orden y cómo entendemos nuestra posibilidad de hacerlo sin mediadores hediondos a caca. Como decía, pico y zorra se aman, es la más noble expresión de libertad. Porque el pico y la zorra realmente se aman y no se puede decir de otra forma. El pene y la vagina no se aman, esos se miran, se buscan pero no se aman, porque se sienten algo incómodos con ese pesado ropaje de gala. Si, entiendo que existen más posibilidades, pero convengamos que decir pico y zorra se aman, no excluye que zorra y zorra se amen o que pico y pico se amen. Quien tenga que escribirlo que lo haga. Ahí tiene miles de paredes que siempre, por acción de nuestra misma necesidad de memoria, son pintadas de blanco para que alguien las vuelva a rayar. Zorras y picos del mundo ámense como quieran y lo que es mejor, escríbanlo donde quieran.


Las esquinas donde nace la memoria es la pura y santa afirmación de mi vida no tan santa. Cada uno que haga lo que quiera con lo que digo, no es que no me importe, pero en esto también tengo mi corazón y no estamos para cosas raras. Los corazones de todos los piojos y piojas de mi vida se han formado mirando esas esquinas. Me identifico con ellas. La vida me ha llevado por muchas esquinas y por otras que no son tan esquinas, pero siempre reconozco en ellas un grado de propiedad. Todas las esquinas del mundo son para lo mismo. En la máquina, solo queda pararse en una de ellas y sentirse cómodo, porque ahí es donde nos hacemos por muchas razones. Se puede decir que ahí es donde nos quieren, pero bueno, desde ahí también es donde nos encontramos entonces. Este no es ningún tratado de marginalidad de nada. El que nunca estuvo horas en una esquina, igual las vió, las tocó y jamás se pudo abstraer. Querímos cancha, no más iglesias, es todo lo que hay que decir al respecto. Es todo lo que estoy tratando de que sientan, pero que no voy a poder hacer completamente, porque no soy ese rayado. En aquel rayado está la historia de millones y la otra historia de unos pocos.





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